viernes, 27 de marzo de 2015

Carta despedida de Steve Nash

“Me retiro.
Escuché a alguien una vez que llega un día en el que nos dicen que no podemos jugar más. No somos lo suficientemente buenos. No cumplimos los requisitos. Demasiado lentos, quizá. Cuando eres adolescente con sueños sin límite y una obsesión creciente, y alguien te dice que esto no va a durar para siempre, es aterrador. Nunca lo olvidé.
Así que, ¿qué hice? Me mantuve con esa obsesión. Fijar objetivos. Trabajé. Soñé. Me preparé. Me impulsé hacia más allá de lo normal o lo esperado. Miraba a mi héroe, Isiah Thomas, y pensaba para mí, “OK, estoy totalmente lejos de ese jugador pero si mejoro cada día durante 5 o 10 años, ¿por qué no puedo ser tan bueno como él?”
El regalo más grande tiene que ser haber estado completamente inmerso en mi pasión y luchar por algo que me encantaba tanto — visualizar una escalera, escalar hasta mis ídolos. La obsesión llegó a ser mi mejor amiga. Y eso es a lo que más agradecido estoy en mi carrera. En mi vida entera, de algún modo. Obviamente, valoro a mis hijos y a mi familia más que el juego, pero de algún modo tener a este amigo — esa persecución permanente — me ha hecho lo que soy, me ha enseñado y me ha puesto a prueba, y me dio una misión que es irreemplazable. Estoy tan agradecido. He aprendido tantas lecciones incalculables sobre mí y sobre la vida. Y por supuesto todavia tengo mucho que aprender. Otro gran regalo.
Recuerdo cuando Dirk y yo no éramos nadie. Solía decir en alguna cena, “¿cómo vamos nosotros dos a ser alguien en esta liga?” De algún modo hicimos algo de nosotros mismos. Después de todas las victorias y todas las grandes ocasiones que hemos tenido juntos por todo el mundo, lo que realmente tiene más importancia para mí son las largas noches al inicio de nuestras carreras cuando teníamos que volver al Landry Center en Dallas, para jugar más partidos de entrenamiento. Dirk y la gran ciudad de Dallas tuvieron su campeonato, y no podía estar más felices por ellos.
Mi padre era un atleta que jugaba al fútbol amateur. En el patio o después de los partidos cuando era pequeño, siempre aplaudía el juego creativo. Siempre apreciaba el no ser egoístas. Nunca decía, “¡Vaya, tres goles!” sino que decía “brillante visión para ver a tu compañero venir por detrás en esa jugada” o “qué poco egoísta al pasarla cuando pudiste disparar. Eso me hace estar orgulloso.” Sé que no es normal y estoy agradecido.
Cuando firmé por los Lakers, tenía grandes sueños de hacer levantar a los fans y hacer brillar en fuego a esta ciudad. Rechacé ofertas más lucrativas para venir a L.A. porque quería estar en el fuego, y jugar con alto riesgo y alta recompensa en mi último capítulo en la NBA. En mi segundo partido aquí, me rompí la pierna y nada volvió a ser lo mismo.
La primavera pasada, cuando volví a la pista, me dieron una enorme ovación en el Staples Center. Era una época oscura de mi carrera y ese gesto será uno de mis mejores recuerdos. Había mucha negatividad al respecto, pero en mis tres años en L.A., nunca he conocido a alguien que no me mostrase otra cosa que no fuese apoyo por mi esfuerzo. Hay mucha elegancia y señorío en la afición de los Lakers (Lakerland), y la organización y cuerpo técnico me han dado apoyo incondicional.
Probablemente nunca volveré a jugar al baloncesto. Es agridulce. Pierdo la esencia del juego, pero también estoy realmente emocionado para aprender a hacer algo más. Esta carta es para cualquiera que haya tomado nota de mi carrera. En el corazón de esta carta, hablo a los niños de cualquier parte que no tengan idea de lo que el futuro depara o cómo hacerse cargo de lo que trae. Cuando pienso en mi carrera, no puedo dejar de pensar en el niño con su pelota, enamórandose, así es con lo que todavía me identifico e hice durante mi entera historia.
Por último, Lola, Bella y Matteo, sois el centro de mi universo. Toda mi atención está aquí para vosotros chicos y siguiendo hacia adelante, no puedo pensar en nada más emocionate o satisfactorio”.


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