lunes, 12 de octubre de 2015

España (por Jorge Luis Borges)

Más allá de los símbolos, 
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios, 
más allá de la aberración del gramático 
que ve en la historia del hidalgo 
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue, 
no una amistad y una alegría 
sino un herbario de arcaísmos y un refranero, 
estás, España silenciosa, en nosotros. 
España del bisonte, que moriría 
por el hierro o el rifle, 
en las praderas del ocaso, en Montana, 
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades, 
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma, 
España de los duros visigodos, 
de estirpe escandinava, 
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas, 
pastor de pueblos, 
España del Islam, de la cábala 
y de la Noche Oscura del Alma, 
España de los inquisidores, 
que padecieron el destino de ser verdugos 
y hubieran podido ser mártires, 
España de la larga aventura 
que descifró los mares y redujo crueles imperios 
y que prosigue aquí, en Buenos Aires, 
en este atardecer del mes de julio de 1964, 
España de la otra guitarra, la desgarrada, 
no la humilde, la nuestra, 
España de los patios, 
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios, 
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad, 
España del inútil coraje, 
podemos profesar otros amores, 
podemos olvidarte 
como olvidamos nuestro propio pasado, 
porque inseparablemente estás en nosotros, 
en los íntimos hábitos de la sangre, 
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje, 
España, 
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones, 
incesante y fatal.


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