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viernes, 12 de junio de 2026

El CB OLIVA nombra deportista del año 2025-26 a: Eivile Jakubonyte.

Hay personas que llegan al deporte para competir. Otras llegan para ganar… y luego están esas personas excepcionales que, sin darse cuenta, terminan dejando un camino encendido para los demás. Eivile es una de ellas.


Y quizá lo más bonito de todo es que ella todavía no sabe hasta qué punto ha marcado la vida de quienes la rodean.

Porque este reconocimiento no nace solo de los partidos jugados, victorias, horas entrenando o de los equipos que ha reforzado durante estos años. Nace de todo lo que ha transmitido mientras crecía delante de nuestros ojos.



Muchos en Oliva la recuerdan siendo apenas una niña. Una bicicleta demasiado rápida para su tamaño. El pelo al viento. Patinando con su padre y hermana, balones, carreras… Siempre moviéndose. Siempre riendo. Siempre viviendo el deporte como viven los niños felices: sin obligación, sin postureo, sin miedo pero siempre con ese hambre silenciosa de crecer, de superarse, de descubrir hasta dónde podía llegar.

Su padre estuvo ahí desde el principio. No para regalarle el camino, sino para enseñarle que las cosas importantes se construyen. Día a día. Entrenamiento a entrenamiento. Con esfuerzo cuando nadie mira. Con compromiso cuando apetece rendirse. Con disciplina incluso cuando el cansancio pesa más que la ilusión.

Y su madre… su madre fue el abrazo invisible. La calma después de los días difíciles. La comprensión cuando el deporte duele. La mirada que sostiene cuando las piernas no pueden más.

Y mientras todo eso sucedía, Simona miraba. Porque las hermanas pequeñas siempre miran. Miraba cómo Eivile se levantaba temprano. Cómo volvía cansada y aun así sonreía. Cómo encontraba tiempo para entrenar, jugar, ayudar, enseñar y seguir siendo una buena compañera.

Y sin darse cuenta, empezó a aprender que ser fuerte no es gritar más alto. Ser fuerte es estar, cumplir, cuidar… volver a intentarlo.

Eivile ha practicado muchos deportes. Piscina (2012-16), gimnasia rítmica (2015-18), voleibol (2016-22), voley playa (2017-20), balonmano (2018-19), atletismo (2019-20), pádel (2023-25)… y en todos dejó algo de ella. Porque hay personas que participan en un deporte y otras que pertenecen al deporte. Ella pertenece al deporte.

Y aun habiendo llegado a ser campeona de España de selecciones en voleibol, nunca permitió que los éxitos cambiaran lo más importante: su manera de tratar a los demás. Eso no se entrena, eso nace dentro de una.

En el CB Oliva hemos tenido el privilegio de verla crecer durante estos años como jugadora y como entrenadora. Y quizá el mayor orgullo no ha sido verla competir contra gente mayor, ni asumir responsabilidades impropias de su edad, ni responder siempre cuando el equipo la necesitaba. Lo más emocionante ha sido verla con los niños. La forma en que los escucha y la paciencia con la que enseña siempre con una sonrisa en su rostro. Cómo convierte un entrenamiento cualquiera en un recuerdo feliz para una niña pequeña que quizá mañana llegará a casa diciendo: “Yo quiero ser como ella”.

Y tal vez eso sea lo más importante que una deportista puede conseguir. No los trofeos o las medallas. No las victorias… sino convertirse en el motivo por el que otra niña decide creer en sí misma.

Dentro de muchos años, cuando alguien recuerde esta etapa del club, seguramente no hablará solo de partidos. Hablará de una chica que siempre estaba dispuesta a ayudar. De una sonrisa en mitad del cansancio. De una niña del pueblo que creció entre balones y calles hasta convertirse, sin buscarlo, en ejemplo para todos. Porque algunas personas pasan por un club… y otras, muy pocas, se convierten en parte de su alma.

Gracias Eivile, por recordarnos qué significa realmente el deporte. Y por enseñarle a todas las niñas que vienen detrás que se puede competir con fuerza… sin dejar nunca de tener un corazón enorme.

sábado, 7 de junio de 2025

Gracias, Ricky: cuando el talento necesita descanso, cuando el alma pide calma



No sé si este es tu adiós definitivo o solo una pausa más en el camino, pero después de leer tu mensaje —ese “no es un adiós, es un gracias”— sentí la necesidad de escribirte. De darte las gracias, sí, pero también de compartir lo que muchos llevamos dentro desde hace tiempo: admiración, ternura, y una profunda reflexión sobre lo que significa crecer demasiado pronto en un mundo que no siempre perdona.


Fuiste un rayo de luz inesperado en nuestro baloncesto. Un niño con cara de adolescente y alma de veterano, que aparecía en las pistas profesionales cuando otros apenas soñaban con debutar en juveniles. Desde tu primer partido con el Joventut de Badalona nos dejaste boquiabiertos: ese mapa que parecías tener en la cabeza, esa visión de juego imposible de enseñar, ese genio que todo lo veía medio segundo antes.


Nos hiciste soñar. Y como suele pasar cuando alguien brilla tan pronto, proyectamos en ti expectativas descomunales. No nos conformábamos con verte disfrutar, queríamos verte dominar. Queríamos que fueses el mejor base del mundo, el heredero de generaciones doradas, el MVP eterno. Y quizás ahí, sin querer, empezamos a cargar tu mochila con más peso del que nadie debería llevar.


Viviste deprisa. Demasiado. Y a veces eso se paga caro. En tu caso, con dudas, lesiones, críticas feroces, y golpes de la vida que ningún entrenador puede prever en un plan de partido. La pérdida de tu madre fue, seguramente, el más duro. Un terremoto emocional que sacudió todo, incluso donde parecía que nada podía tambalearse: tu pasión por el baloncesto.


¿Quién puede jugar al más alto nivel cuando el corazón no encuentra consuelo? ¿Quién puede seguir liderando cuando la mente grita que paremos? Nos cuesta mucho entender que los deportistas sois personas. Personas que sufren, que dudan, que también se cansan. Y tú, Ricky, has tenido el coraje de decirlo en voz alta. De parar. De mirarte. De hablar. Eso, en un entorno donde la fortaleza se mide en trofeos y no en salud mental, es de una valentía inmensa.


Ganaste con la selección. Lo ganaste todo. Fuiste MVP de un Mundial, referente de una generación, arquitecto de victorias inolvidables. Pero incluso si no lo hubieras sido, tu huella seguiría intacta. Porque lo tuyo no ha sido solo ganar. Lo tuyo ha sido dar. Dar asistencias, sí, pero también dar ejemplo, dar juego, dar inspiración.


Gracias, Ricky, por recordarnos que el baloncesto se juega con las manos, pero se entiende con el corazón. Que el talento necesita un entorno que lo acompañe. Que las mentes también se lesionan. Que parar a tiempo también es avanzar.


Quizás no sea un adiós, como tú dices. Ojalá no lo sea. Pero si lo fuera, que quede claro: no nos debes nada. Al contrario. Somos nosotros los que te debemos. Por tu magia, por tu honestidad, por tu generosidad, por tu lucha silenciosa. Y por enseñarnos que, incluso en la élite, hay espacio para la fragilidad, para la pausa, para la vida.


Gracias por todo, Ricky.


Con admiración y respeto,

Un aficionado agradecido

jueves, 29 de mayo de 2025

Caitlin Clark: Nacida para hacer historia

 Caitlin Clark: la chica que cambió el juego con un balón, un sueño y un corazón sin límites

Hay historias que nacen en silencio, en patios traseros, entre tiros al aro al caer la tarde. Hay sueños que se alimentan de constancia, de amor por lo que se hace, de una mirada encendida que nunca se rinde. Caitlin Clark es eso. Una joven de Iowa que con un balón en las manos decidió reescribir la historia del baloncesto… y mucho más.

Una niña que nunca dejó de soñar.

Caitlin no nació en la fama. Nació en West Des Moines, un lugar tranquilo, como tantos otros en Estados Unidos. Desde pequeña, su vida giraba en torno a una pelota naranja. No era solo un juego, era su idioma, su forma de decir “aquí estoy”. Mientras otras niñas soñaban con cuentos, ella soñaba con canastas imposibles. Sus ídolos no llevaban tacones, sino zapatillas deportivas. En su habitación, los posters eran de Sue Bird y Diana Taurasi.

Pero incluso en sus sueños más locos, ¿podía imaginar que un día rompería todos los récords de anotación del baloncesto universitario de la NCAA? ¿Que su nombre resonaría más allá de las canchas, que inspiraría a millones de personas a lo largo y ancho del mundo?


El fuego en la cancha, la calma por dentro: ver jugar a Caitlin es como ver arte en movimiento. Tiros desde el logo, asistencias sin mirar, temple en los momentos grandes cuando la mayoría de seres humanos se derretirían de los nervios. Pero lo que emociona no es solo lo que hace con la pelota: es cómo lo hace. Juega con una mezcla de serenidad y pasión que electriza. No grita para imponerse. No lo necesita. Su juego habla por ella... y lo hace de forma clara y contundente.


Cuando rompió el récord de puntos, no levantó los brazos al cielo, no exigió atención. Solo sonrió, como quien sabe que aún queda mucho por hacer, queda lo mejor por hacer. Esa humildad es parte de su magia: lo extraordinario, en ella, se vuelve cercano.


Una mujer que cambió mucho más que un deporte, el baloncesto, fue un fenómeno mundial: El "efecto Caitlin Clark" no es solo televisivo o estadístico. Es humano. Ha llenado estadios donde antes había butacas vacías. Ha conseguido que familias enteras se sienten frente al televisor para ver un partido de baloncesto femenino. Ha hecho que niñas de todo el mundo agarren un balón y digan “yo también”... recuerda en ello al impacto de Michael Jordan a la NBA. 

Pero su impacto va más allá del deporte. Clark representa una nueva forma de liderazgo: cercano, valiente, auténtico. Fundó una organización para apoyar a jóvenes desfavorecidos, no por compromiso público, sino por empatía genuina. Porque ella recuerda lo que es ser una niña con sueños gigantes en un mundo que no siempre cree en ellas.


El corazón de una nación: La WNBA la esperaba como se espera a una estrella. Y no decepcionó. En cada ciudad donde juega, hay carteles, camisetas, emoción. Pero si preguntas a quienes la han conocido, te dirán que lo más grande de Caitlin no es su tiro, sino su forma de mirar a los demás. Siempre tiene tiempo para una fan, para una palabra amable, para un gesto que marque la diferencia. Es una atleta, sí. Pero también es una hija, una hermana, una joven que aún se emociona con una carta escrita a mano, que no olvida sus raíces, que sabe que la fama es fugaz pero los valores perduran.


Un legado que apenas comienza: Caitlin Clark no ha terminado su historia. Apenas está comenzando. Los Juegos Olímpicos, más títulos, más récords le esperan. Pero su legado ya está aquí: está en cada niña que se pone una camiseta con el número 22. En cada padre que lleva a su hija al primer partido. En cada persona que, viéndola jugar, entiende que el deporte femenino no es futuro. Es presente. Y es poderoso.

Caitlin Clark no es solo una jugadora. Es un símbolo. Un faro. Una de esas personas que, sin alzar la voz, logra que el mundo escuche.

Y lo más hermoso es que lo hace con la misma pasión con la que, de niña, lanzaba tiros sola en la entrada de su casa, bajo el cielo abierto de Iowa.










viernes, 23 de mayo de 2025

Gracias Luka Modric: LEYENDA



 Hasta siempre, Luka: el mago croata que conquistó el corazón del fútbol


El fútbol se toma un respiro. Hoy se despide uno de sus grandes intérpretes: Luka Modric. Un jugador que no solo entendió este deporte como pocos, sino que lo embelleció en cada toque, en cada giro, en cada pase. Luka no se va: trasciende.

Antes de que los estadios corearan su nombre, Luka fue un niño desplazado por la guerra. Nació en 1985 en Zadar, en plena Croacia devastada por el conflicto de los Balcanes. Su infancia estuvo marcada por el sonido de las bombas más que por los gritos de gol. Con apenas seis años, tuvo que huir junto a su familia tras el asesinato de su abuelo y la quema de su casa. Su balón era su refugio, y su constancia, una forma de resistencia.

Llegó al Real Madrid en 2012 entre críticas y escepticismo. Algunos lo tildaron de "fichaje innecesario", y su debut fue seguido más por la polémica que por la esperanza. Incluso fue elegido como el peor fichaje de La Liga en su primera temporada. Pero el tiempo, ese juez implacable, se encargó de poner las cosas en su sitio. Luka cerró bocas con trabajo, talento y una resiliencia silenciosa que lo convirtió en una leyenda blanca.

Trece años después, se marcha como uno de los mejores centrocampistas de la historia del club y del fútbol. Con 6 Champions League en su palmarés —una cifra al alcance de muy pocos—, Modric fue el cerebro y el corazón de un Real Madrid irrepetible. Junto a Kroos y Casemiro, formó una sociedad inolvidable que dominó Europa con autoridad, clase y control.

En su selección, Croacia, fue más que un capitán: fue un símbolo. La llevó a la final del Mundial 2018 y al tercer puesto en 2022, y con ello grabó su nombre para siempre en la historia del fútbol de su país.

Modric no necesitó el físico de los atletas modernos. Su arma fue la inteligencia. Su estilo, la elegancia. Su virtud, la constancia. Cada pase suyo era una línea de poesía escrita sobre césped. Cada partido, una clase magistral.

Y así, aquel joven croata que llegó cuestionado, se va entre aplausos, reconocimientos y una admiración unánime. Luka cambió la crítica por respeto, el murmullo por ovación, y lo hizo sin estridencias, con la cabeza baja y los botines siempre limpios.

Pero lo que más admiramos de Luka no son sus trofeos, sino su forma de ganarlos. Siempre discreto, siempre elegante, siempre poniendo al equipo por encima del ego. Un líder sin gritos, un ejemplo sin buscar serlo.


Hoy se despide el futbolista. Pero el legado, el símbolo, el hombre, se queda con nosotros. Porque Luka Modric no es solo un ídolo del Real Madrid o de Croacia. Es un símbolo de cómo el dolor puede transformarse en belleza, cómo la guerra puede dar paso a la paz, y cómo un balón puede cambiar una vida.

Gracias, Luka. Por enseñarnos que la grandeza se construye con humildad, talento y amor por el juego. 

Tu legado no tiene fecha de caducidad. Hasta siempre, genio.



domingo, 7 de abril de 2024

Marc Gasol: Eterno



 Vivir a la sombra del que todo lo eclipsa no es tarea sencilla. Ser el hermano del jugador más importante de nuestra historia siempre ha sido una etiqueta "el hermano de Gasol" como si él mismo no fuera un Gasol. 

Marc no es Pau,  no tiene su aura de estrella, su capacidad atlética, sus mates, sus 1x1, su vistosidad, plasticidad, magnetismo... no ha sido Rookie del Año como lo fue Pau en su primer año en Memphis... pero no por ello ha dejado de ser un grande. Marc Gasol ha sido una mole, una roca, un jugador que se dió a conocer en la final del Mundial 2006 sustituyendo a su hermano lesionado y parando como no pudieron hacerlo EEUU al "BabyShaq" de Grecia, dando una lección de fortaleza, dureza, concentración, saber estar... no estaba ahí por ser el hermano de, estaba por méritos propios. Así se dio a conocer y así hizo carrera en la NBA. Convirtió a Memphis en un equipo contendiente al anillo, lo puso en el mapa más allá de la casa del Rey, de Elvis Presley... fue defensor del año por encima de un Lebron que ese año se propuso ser defensor del año, no pudo serlo por Gasol... Marc Gasol. 

Lo mejor de Marc es su cabeza, su inteligencia en el juego, su capacidad de leer situaciones a una velocidad enorme, lo que le hace ir un paso por delante de la mayoría a pesar de ser fisicamente más lento... Marc Gasol no es un bello poema que te marca desde el principio, es una novela que te va enganchando poco a poco, que te envuelve, que se mete dentro de ti y que no quieres que se acabe nunca. Es un jugador que te va conquistando paso a paso, gesto a gesto, cuyo valor real no lo reconoces del todo hasta que pasa el tiempo. Sus logros son enormes, sus gestas han pasado de puntillas al lado de la carrera del hermano, pero la perspectiva del tiempo le dará la dimensión que merece... en Memphis lo han sabido ver antes que los demás y han retirado su camiseta y número por siempre. Es el máximo reconocimiento que puede tener un jugador, que retiren su dorsal y cuelgue en el techo del pabellón para el resto de los días... Marc Gasol entra en la Eternidad! Se lo merece. 


Marc Gasol ETERNO en Memphis

viernes, 5 de abril de 2024

Rudy Fernández: adiós a una leyenda

Se va uno de los grandes, de los más grandes de nuestra historia... en su palmares figuran 2 Mundiales, 4 Eurobasket (ÚNICO jugador presente en los 6 títulos con España), tres medallas olímpicas con la Selección, 3 Euroligas, 6 Ligas, 7 Copas del Rey, 9 Supercopas y una Copa Intercontinental con el Real Madrid, además de su etapa de formación en el Joventut y su paso por los Blazers y los Nuggets en la NBA... un jugador querido por los suyos y odiado en muchos pabellones donde las aficiones rivales no le perdonan ese aire de chulería que desprende en muchas ocasiones... un jugador que ha marcado toda una ERA en nuestro baloncesto, protagonista de las más grandes gestas de nuestro deporte, un jugador superlativo que ha vivido en la sombra de monstruos como Pau Gasol o Navarro, un jugador que sin tener el talento ofensivo de La Bomba para muchos lo ha superado, un jugador más completo, capaz de marcar diferencias desde la defensa, desde el liderazgo, desde el carácter. Un jugador que cuando menguo su físico fue capaz de transformar su juego, de ser ese veterano necesario en todo equipo campeón. En sus primeros años vimos un Rudy espectacular, de mates por encima de cualquiera que se pusiera por delante, de triples desde todas las posiciones, de penetraciones imposibles... un jugador que estaba en todas las partes del campo haciendo de todo, anotando, asistiendo, dirigiendo, un jugador capaz de sentar al mejor Navarro en el banquillo en las Olimpiadas del 2008. Con el tiempo y el cuerpo lleno de cicatrices y sin esa efervescencia atlética que lo caracterizó supo cambiar de rol. Un jugador imprescindible en los éxitos tanto del Real Madrid al que cambió la cara tras su llegada (su fichaje fue el que cambio la dinámica en el baloncesto español dominado en aquellos tiempos por un poderoso Barcelona) y en la Selección Española... porque ganó cuando fuimos los mejores y siguió ganando cuando ya no contábamos con los hermanos Gasol, con Navarro y con toda esa generación de Oro que nos ha ido abandonando año tras año, ahí su figura creció, se hizo palpable y nos demostró a todos lo que un buen liderazgo desde el ejemplo es capaz de conseguir. Estamos hablando posiblemente del mejor defensor perimetral en Europa de los últimos tiempos, quien sabe si de toda la historia, un jugador que lee como nadie el juego para llegar a las ayudas tanto del lado fuerte como del lado débil, un jugador que siempre suma: una recuperación, una falta provocada, un molestar, un 2x1, un aparecer de la nada... porque Rudy siempre aparecía aunque parecía que no estaba... 

Si hablamos de los mejores jugadores españoles de todos los tiempos no podemos dejar de nombrar a Rudy Fernández entre ellos... Top 10? Top 5? Top 3? para gustos colores... da igual en que posición lo pongamos pero no podemos olvidarnos de él nunca... incluso esas aficiones que le silban y le insultan no tienen más remedio que reconocer su grandeza. Un jugador que ha contribuido a hacer mejor nuestro deporte en todos estos años de triunfos y Gloria... 

El tiempo lo pondrá en el lugar que merece, que es un lugar muy alto... mientras disfrutemos de lo que nos queda de él, quizás sume algún título más a su palmares, quizás no... quizás pueda lograr el acceso a los JJOO con la selección y jugar sus sextos juegos olímpicos un record sin precedentes en el baloncesto, o quizás no... pase lo que pase  es Leyenda!!!






jueves, 2 de marzo de 2023

Dejan Bodiroga, 50 años.



Os dejo el artículo que Piti Hurtado le dedico por su 47 cumpleaños en el 2020:

¿Lento? ¿Abusaba del bote? ¿Descoordinación entre tren inferior y tren superior? ¿Un poquito de chepa? ¿No gastaba energía en mates? Seguramente todo eso era cierto en su físico y forma de jugar. También son ciertos los 18 títulos en ligas mayores o campeonatos de Selecciones, 12 MVP en tales campeonatos ganados…
Si juegas al basket y eres primo de Drazen Petrovic, aunque seas primo segundo, calidad tienes que mostrar. Dejan Bodiroga es un extraño caso de apriorística falta de condiciones físicas (más allá de 2.05 y buena envergadura) pero una psicomotricidad rara pero efectiva. Por momentos desgarbado en el tiro triple, por momentos finísimo en la elaboración de los pivotes amplios, las fintas de tiro y algunos otras engañifas donde se crecía, generalmente con ventaja numérica en contraataque, ahí desataba la imaginación al más puro estilo insolente de los “plavi”. No sabemos si le une alguna otra relación de parentesco con Nikola Mirotic, tienen cierto parecido físico, han jugado para los dos grandes equipos españoles (con lo que eso implica) y quieren la bola en los momentos más calientes. Nota del autor: momento para los haters y las comparaciones…
Es la historia de la vida deportiva de uno de los más grandes jugadores de la historia que nunca jugaron ni en NCAA ni en NBA. De entre sus gestas, tres oros en Eurobasket y el hito a destacar que llevándose dos campeonatos del mundo y sus correspondientes MVP para provocar que Colangelo y USA basketball se empezaran a poner las pilas.
Dejan Bodiroga es muchas cosas a nivel técnico y de dureza ganadora en lo mental, pero sobre todo, Bodiroga es “El látigo”. Cuenta la leyenda que en la redacción de la revista Gigantes de finales de siglo pasado y principios de este, se competía por ponerle el mejor apodo a jugadores, momentos, movimientos. Y estaban discutiendo sobre como ilustrar el dribling de Bodiroga, lanzar el balón en bote casi vertical a la proyección del defensor y recogerlo con la mano contraria para llevártelo tan lejos en lateral como pudieras como si lo atraparas con el látigo. Nuestro cumpleañero lo hizo en una época ya de mucha televisión, lo hizo para ganar ventaja ya en la media distancia donde la estatura (recordemos que muchas veces jugaba de 1) le daba ventaja o la velocidad le llevaba a terminar cerca del aro (recordemos que medía 2.05 y a veces le defendían tres o cuatros).

El archivo arqueológico de los fundamentos del baloncesto nos indica que este movimiento se vio por primera vez en el alto nivel y con más profusión a Dragan Kikanovic, escolta yugoslavo, gran estrella y anotador que acabó ganando dinero en Pesaro y en Francia, esto es un poco como la leyenda del Trinche, lo hemos oído, no tenemos la jugada en vídeo. Parece que Kikanovic coincide en Partizan en el año 1980 con Danko Cvjetičanin cuando él primero terminaba y “El Yeti” empezaba su carrera profesional. Apodado como el mostruo de las nieves por “La demencia”, compartió con los primos de Bodiroga (Aza y Drazen) varios años en la Cibona de Zagreb y en la Selección de Croacia.

El nombre americano de este movimiento-firma tiene menos relato, lo bautiza un jugador de nivel universitario que no hizo carrera NBA pero que en un giro del destino apareció en su periplo trotamundos en Zagreb, en sus últimos años, para jugar para los colores del Cedevita y cerrar el círculo.
Más adelante se lo hemos visto usar a Ginobili, a Russell Westbrook (para luego atropellar en penetración), a un muy fino Crish Paul, siempre con herramientas técnicas excelentes contra pívots en el cambio defensivo y eso de envolver la bola para hacer tropezar a los elefantes le sigue gustando especialmente.
Pero mucho antes de estos látigos, Dejan Bodiroga fue el jugador que se atrevió a hacerlo hasta en finales de Campeonatos del Mundo y JJOO, que no le importó quién estaba delante, Dejan Bodiroga se retiró cuando tenía 34 años, ya se nos antoja que lo dejó demasiado pronto, bendita longevidad, al menos es del escaso porcentaje de jugadores que decide retirarse él mismo y no le retira el mercado o las lesiones.
Feliz cumpleaños al látigo y al que lo empuña, Bodiroga.