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martes, 26 de marzo de 2024

La vida como una guerra

Percibo la vida como una guerra, cada vida, cada individuo es un teatro diferente, con sus disfraces, sus máscaras, sus diálogos, sus tramas, sus enredos... 

Cada lucha y cada desafío una batalla, donde se pierde y se gana... dónde siempre quedan cicatrices en la piel de tu cuerpo o en el interior de tu alma... 

No soy un experto militar, pero, mis rangos me los he ido ganando día a día, mientras voy desempeñando mis misiones en la vida, con cada batalla, con cada lucha, con cada victoria, con cada derrota... porque hay derrotas que también te dan valía, experiencia, tablas... y siempre hay quien es capaz de verlo y reconocerlo, aunque la mayoría te evalúe solo por el resultado final... 

Disfruto cada batalla, cada una de forma diferente, y hasta ahora he ganado varias... aunque recuerdo con más detalles las derrotas...

Me encanta ganarle a la vida, y con cada batalla ganada, siento más pasión por esta hermosa guerra... aunque la derrota es la que hace arder el fuego en mi interior, la que hace levantarme con fuerzas renovadas, con un punto de rebeldía, de coraje, de lucha... la victoria me alimenta, la derrota me empuja a seguir luchando por ser mejor... 

Hay días que no han sido del todo buenos, pero, aún sigo vivo, en pie, y eso es bueno porque puedo seguir conquistando nuevos territorios mientras late el corazón lleno de pasión... 



domingo, 28 de julio de 2013

La Vasija de Agua Desvencijada

 

Un aguatero en la India tenía dos grandes vasijas, cada una colgaba de cada extremo de un palo que llevaba a través del cuello. Una de las vasijas tenía una rajadura en ella, y mientras que la otra estaba perfecta y siempre entregaba una porción completa de agua al final de una larga caminata desde el arroyo a la casa del patrón, la vasija desvencijada llegaba solamente medio llena. Por dos años enteros esto pasó diariamente, con el aguatero entregando solamente una vasija y media de agua al patrón de la casa. De hecho, la vasija perfecta estaba orgullosa de sus logros, perfectos para el final al cual había sido hecha. Pero la pobre vasija desvencijada estaba avergonzada de su propia imperfección, y miserable de que era capaz de solo lograr la mitad para lo que había sido hecha. 

Después de dos años de lo que percibió como una amarga falla, habló al aguatero un día por el arroyo. "Yo estoy avergonzada de mi misma, y quiero disculparme con Usted." "¿Por qué?," preguntó el aguatero. "¿De qué está avergonzada?" "He sido capaz, por estos dos años pasados, de entregar solamente la mitad de mi carga porque esta rajadura en mi costado causa que el agua se fugue hacia afuera a lo largo de la vía hasta el regreso a la casa de su patrón. A causa de mis fallas Usted ha tenido que hacer todo este trabajo y no consigue el valor completo de sus esfuerzos," la vasija dijo. El aguatero se sintió triste por la vieja vasija desvencijada, y en su compasión dijo, "Como retorne a la casa de mi patrón, quiero que note las hermosas flores a lo largo del camino." 

Evidentemente, a medida que fueron escalando el monte la vieja vasija desportillada notó al sol calentando las hermosas flores silvestres al lado del sendero, y esto la alegró algo. Pero al final de la senda, aún se sintió mal porque estaba fugándose la mitad de su carga, y de nuevo se disculpó ante el aguatero por su falla. El aguatero dijo a la vasija, "¿Notó que había flores solamente en su lado de la vía, pero no en el lado de la otra vasija? Eso era porque yo siempre he sabido de su falla, y saqué provecho de ella. He plantado semillas de flores en su lado del camino, y cada día mientras que caminamos de regreso del arroyo, Usted las ha regado. Por dos años he estado recogiendo estas hermosas flores para decorar la mesa de mi patrón. Sin ser de la forma como es, él no hubiera tenido esta belleza para agraciar su casa."