Las chicas del CB Oliva visitaban una cancha siempre complicada como la de Dénia en un contexto nada favorable. El equipo llegaba con numerosas bajas, con cinco jugadoras juniors y el apoyo imprescindible de dos cadetes, y además lo hacía tras menos de 48 horas del exigente encuentro frente a CB Ondara, resuelto en la prórroga tras un final de auténtico infarto y con un juego muy lejos del nivel habitual.
Sobre el papel, todas las señales apuntaban a que podía llegar la primera derrota de la temporada. El desgaste físico, las ausencias y las sensaciones del viernes no invitaban precisamente al optimismo. Pero el baloncesto no entiende de pronósticos: nada se gana ni se pierde antes de jugarse.
Un inicio con dudas… y una reacción demoledora
El partido arrancó con un 0-4 esperanzador para Oliva, pero pronto Dénia encontró espacios y acierto ofensivo para colocarse 9-7, mostrando comodidad en pista. Sin embargo, lejos de venirse abajo, el equipo reaccionó con carácter. Ajustó líneas, aumentó la intensidad defensiva y comenzó a correr cuando tocaba.
El resultado fue un espectacular parcial de 3-18 que permitió cerrar el primer periodo con una sólida ventaja (12-25). El equipo ya había lanzado el primer aviso.
Defensa, ritmo y madurez
En el segundo cuarto llegó el golpe casi definitivo. Desde la defensa colectiva —clave ante la imposibilidad de realizar el marcaje especial sobre su mejor jugadora— el equipo se hizo grande. La solidaridad en ayudas y la lectura de las situaciones ofensivas marcaron la diferencia.
El parcial de 3-20 disparó el marcador hasta un contundente 15-45. El partido estaba en nuestras manos.
A partir de ahí, tocaba gestionar. Regular esfuerzos, no precipitarnos, correr solo con ventajas claras y madurar cada posesión cuando el contraataque no era viable. El equipo entendió perfectamente el guion. Controló el tempo, rotó con inteligencia y mantuvo siempre a distancia a un Dénia que intentó reaccionar sin éxito.
Final con cinco… y sin sobresaltos
En el último periodo, las dos cadetes tuvieron que marcharse para disputar su compromiso en Oliva, y el equipo afrontó los minutos finales con solo cinco jugadoras en pista. Pero el trabajo ya estaba hecho. Solo quedaba cerrar el encuentro con cabeza, evitar lesiones y mantener la concentración.
Y así fue.
El marcador final reflejó una victoria contundente por 42-77, fruto de un enorme despliegue colectivo tanto en ataque como en defensa.
De un viernes gris a un domingo brillante
Cuesta creer que fueran las mismas jugadoras que 48 horas antes sufrieron para sacar adelante su partido. Pero el deporte tiene estas cosas.
En Dénia, este equipo demostró que cuando cree, compite y juega unido, puede superar cualquier circunstancia. Y eso, más allá del resultado, es lo verdaderamente importante.

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