lunes, 27 de abril de 2026

Junior Femenino 1/8 Final: CB Oliva Activa´ Oliva vs El Pilar

 El CB Oliva Activa’t Oliva se clasifica para los cuartos de final tras superar a El Pilar B de Valencia en una eliminatoria de octavos que fue mucho más dura de lo que reflejan los marcadores. Ambos partidos estuvieron marcados por una intensidad extrema que convirtió la pista en un auténtico campo de batalla, en gran parte debido a la permisividad arbitral, algo que empieza a ser demasiado habitual y que no debería normalizarse.

El encuentro de ida, disputado en casa, terminó con un contundente 68-20. Dominamos desde el inicio con autoridad en ambos lados de la pista, pero el resultado no debe engañar: fue necesario un gran esfuerzo, entrega y concentración. El rival, pese a la desventaja, no bajó los brazos en ningún momento, demostrando un carácter y orgullo que merecen reconocimiento.

Sin embargo, el desarrollo del partido estuvo lejos de ser el adecuado. Los contactos constantes, golpes y tensiones entre jugadoras no fueron responsabilidad de ellas, sino consecuencia de un arbitraje que permitió demasiado. Varias acciones debieron sancionarse con mayor severidad, incluso con descalificaciones, pero no fue así. La falta de control acabó pasando factura.

Tras ese primer partido, ya anticipábamos que la vuelta en Valencia sería aún más complicada. Con la eliminatoria prácticamente decidida, era previsible un criterio arbitral todavía más permisivo. El objetivo era claro: mantener la cabeza fría, resistir y salir del partido sin consecuencias.

Y así fue. El segundo encuentro resultó incluso más duro. Hubo barra libre de contactos y el nivel de frustración fue creciendo en ambos equipos. Jugadoras, entrenadores y afición no entendían cómo tantas acciones quedaban sin sanción. Se produjeron faltas muy peligrosas, como un empujón por la espalda a Koniba que pudo acabar en una situación grave contra la grada. Una acción claramente antideportiva que se señaló como falta normal.

La tensión era evidente. Recibí una técnica por dirigirme a mi jugadora para que mantuviera la calma, una decisión que acepto. Lo preocupante es la diferencia de criterio: sensibilidad para sancionar palabras, pero permisividad ante acciones físicas peligrosas.

Este tipo de situaciones reflejan un problema más profundo. No es una cuestión de capacidad arbitral, sino de actitud. Falta implicación, empatía y responsabilidad en muchos casos. Da la sensación de que algunos árbitros no comprenden la realidad del juego o no le otorgan la importancia que merece cada partido, independientemente de la categoría.

Es cierto que existe una escasez de árbitros, y que sin ellos no se puede competir. Pero eso no puede justificar actuaciones deficientes. Del mismo modo que jugadores y entrenadores pueden ser sancionados, debería existir algún mecanismo para evaluar y, si procede, sancionar también a los árbitros cuando su actuación genera un malestar generalizado.

Cuando todos —jugadoras, cuerpos técnicos y aficiones de ambos equipos— coinciden en su descontento, es evidente que algo no se está haciendo bien.

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